¡Ay de mí!

P. Víctor M. Ruano P.

¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!, es el título de la carta que acaba de enviar a sus feligreses Mons. Julio Cabrera Ovalle, obispo de Jalapa-Jutiapa-El Progreso, en la que anuncia que llegó el momento de comenzar las Santas Misiones Populares, las cuales son descritas como "una fuerte sacudida" para despertar a todas "las fuerzas vivas" de la Iglesia; un tiempo especial por el uso de una metodología participativa y por la riqueza de contenido que se transmite; un instrumento para actualizar la misión de Jesús Hoy y Aquí; una oportunidad para dar "testimonio de la belleza de ser discípulos de Jesucristo"; un espacio para "evangelizar a todos", especialmente a los alejados e indiferentes.

Constituyen también un "gran retiro espiritual popular" para revelar el sentido de la vida y de la historia del mundo; una "fuerte experiencia del Dios de Jesucristo" para descubrir la alegría de ser sus hijos y hermanos entre nosotros; "una visita amorosa de Dios a su pueblo", para encaminarlo hacia la libertad y la vida; "un esfuerzo colectivo en defensa de la vida y del planeta Tierra"; una apremiante llamada a la conversión personal, comunitaria y pastoral; un bonito clima para experimentar una "intensa y hermosa experiencia eclesial"; un ambiente "especial de gratitud y de alegría compartida" que expresa la fiesta de la vida en un pueblo pobre y sufrido.

Entre los objetivos que se alcanzarán están: la capacidad de descubrir y valorar todo lo bueno que hay en el ser humano, en las comunidades y en las culturas de nuestro tiempo; promover en las personas la búsqueda del verdadero sentido de la vida; motivar a los cristianos para que lleguen a ser auténticos discípulos de Jesucristo; fomentar el gusto e interés por la Palabra de Dios en la Biblia; incrementar la calidad y cantidad de las pequeñas comunidades de vida cristiana en la parroquia; suscitar el compromiso por defender y promover la vida y la dignidad de las personas, especialmente de los pobres y excluidos; "cuidar la creación, casa de todos, en fidelidad al proyecto de Dios"; vivir la comunión en el pluralismo; despertar en los cristianos la pasión por la misión; y desarrollar el sentido de pertenencia a la Iglesia y a la sociedad.

Este esfuerzo evangelizador nace del deseo de construir comunidades cristianas misioneras e insertas en la realidad histórica, y del compromiso por realizar con entusiasmo la Misión Continental, uno de los encargos de Aparecida: "será para todos un nuevo Pentecostés que nos impulse a ir, de manera especial, en la búsqueda de los católicos alejados y de los que poco o nada conocen a Jesucristo. Es una tarea "que debe llegar a todos, ser permanente y profunda".

Para realizarla plenamente requiere la participación de todos: familias, jóvenes, niños; campesinos y profesionales; hombres y mujeres. "Ninguna comunidad debe excusarse de entrar decididamente, con todas sus fuerzas". Jesús invita a todos. ¡Que nadie se quede de brazos cruzados! El reto es realizar la misión al estilo de Jesús, anunciando con sencillez y valentía el Evangelio y ofreciendo a toda la sociedad su fuerza humanizadora, de modo que podamos construir juntos la reconciliación y la paz, impulsar la dignidad de toda persona, la calidad ética de los pueblos y su desarrollo integral.

Tomado de Prensa Libre, del día domingo 03 de julio, página 22, columna de Opinión.