Homilía
en el 6º aniversario de nacimiento a vida eterna
de Monseñor Miguel Ángel García Arauz.
26 de diciembre de 2009

Hoy es la fiesta de San Esteban, diácono.  En el libro de los Hechos de los Apóstoles se narra su elección como diácono y por lo tanto como “hombre lleno de Espíritu Santo y de sabiduría” y luego aparece como un verdadero discípulo misionero en su mismo pueblo, anunciando a Jesucristo. Un grupo del pueblo proveniente de diversas regiones disputa con él y Esteban responde lleno de sabiduría y espíritu, de tal manera que llegan a acusarlo falsamente de blasfemar contra Moisés y contra Dios.  Excitaron los ánimos del pueblo, de los ancianos y  de los escribas, lo conducen ante el Consejo, lo acusan falsamente y  terminan lapidándolo. 

Hay dos notas que caracterizan a san Esteban: es el primer mártir cristiano y lo es por ser discípulo de Jesucristo con su predicación y porque en su muerte perdona a quienes lo matan, como Jesús que pide al Padre que perdone a quienes lo crucifican.  Es exactamente lo que pide la oración colecta: “que podemos imitarlo como discípulo del Señor y  en el perdón a los enemigos”.  Maravilloso ejemplo para quienes queremos ser hoy discípulos y misioneros de Jesucristo, como lo fue Monseñor Miguel Ángel García Arauz, que nos ha reunido este día, en esta catedral.

Hoy celebramos el sexto aniversario de su nacimiento para el cielo del primer obispo de esta diócesis.  Y lo queremos celebrar destacando uno de los aspectos más significativos de su ministerio episcopal: la dedicación que tuvo para formar a sus sacerdotes. Lo que logró con todo éxito.  Y lo queremos hacer no tanto con palabras, sino con hechos: reuniendo al presbiterio de la diócesis para celebrar la Eucaristía por Monseñor y en  ella instituir a varios jóvenes seminaristas en algún ministerio o admitirlos a emprender el camino que los conduce a las sagradas órdenes.

Cuatro de ellos han solicitado ser admitidos como candidatos al diaconado y al presbiterado son ellos: Rómulo Olaver Chajón Oliva, Ilcear Magdiel López Martínez, Nery Antonio Nájera Gómez, y Abdías Raquel Sánchez Vásquez.  Es el primer rito con el cual ellos se presentan ante la comunidad cristiana, manifestando a ésta el propósito de tienen; lo hacen con el aval de sus formadores, los cuales ya los conocen por los años que han pasado en el Seminario, dando pruebas de que  realmente están bien preparados para dar este paso. 

Luego viene un joven Juan Luís Argueta Corado que se presenta a para ser instituido Lector.  Él  recibirá una bendición para que medite con diligencia la Palabra de Dios, sea penetrado profundamente por ella. y la anuncie a sus hermanos.  Se le entrega la Sagrada Escritura.

Finalmente, otro de los seminaristas, Abraham González Cisneros, es instituido Acólito. Él ayudará al presbítero y diáconos en su ministerio. 

Estos son los ritos que ustedes presenciarán en breve, pero están también con nosotros este día otros jóvenes, que en próximas celebraciones, en momentos diferentes, serán ordenados diáconos: Mynor Morataya, Cosepción Asencio Barrientos, Ronald Binicio Godoy Quiñónez. Uno más, Dimas Chinchilla,  está ahora en México, en un curso especial, y nos acompaña también Hugo Rafael Hurtado, quien es el diácono que ayuda en esta celebración. 

Son, pues, diez en total, los jóvenes que se están preparando para recibir en una fecha no lejana el orden de presbíteros. Es una verdadera esperanza para esta diócesis que también tiene la esperanza de que el próximo año 2010 el santo Padre Benedicto XVI decida la creación de la nueva diócesis de Jutiapa  -estando ya todo preparado: casa, curia, presbiterio, parroquias-  y nombre su primer obispo. Todo esto lo hacemos en memoria de  Monseñor García, que soñó en todo esto y lo preparó cuando fue obispo de Jalapa.

Oremos especialmente por Monseñor Miguel Ángel y démosle gracias por su amor de Pastor a esta diócesis.  De él se puede decir  lo que se ha escrito recientemente en el Directorio de los Obispos, pero que él hace años lo puso en práctica en esta Iglesia particular:  “El Obispo y los presbíteros son constituidos ministros de la misión apostólica; el Obispo los asocia a su solicitud y responsabilidad, de modo que cultiven siempre el sentido de la diócesis, fomenten, al mismo tiempo, el sentido universal de la Iglesia”.  Y luego añade:  “ Como Jesús manifestó su amor a los Apóstoles, así también el Obispo, padre de la familia presbiteral, por medio del cual el Señor Jesucristo, Supremo Pontífice, está presente entre los creyentes, sabe que es su deber dirigir su amor y su atención particular hacia los sacerdotes y los candidatos al sagrado ministerio”  (Directorio,  n 76).  El Directorio indica también que el Obispo debe ayudar de todos los modos posibles a sus sacerdotes y añade las conocidas expresiones que los obispos hemos de tomar en serio:  “Los obispos han de ser padres, hermanos y amigos de los sacerdotes diocesanos”, a los cuales deben conocer personalmente (cf. Id. n 77- 82). 

Todo esto lo vivió Monseñor Miguel Ángel con creces.  Por eso, es obligado que este día la oración de este presbiterio sea la primera, la más sentida, la más fervorosa, sobre todo, porque en estos días tres de sus presbíteros muy queridos y por cuya formación tanto se preocupó, cumplen sus bodas de plata sacerdotales: Mons. Gabriel Peñate, P. Carlos Ramírez y P. Teodoro Beltrán.

Que todo esto, se convierta en un elocuente homenaje a Monseñor García en este sexto aniversario de su nacimiento para el cielo y que sean signos de que sigue vivo en esta diócesis el motivo por lo cual vivió, trabajó y se sacrificó Monseñor Miguel Ángel García:  para que Jesucristo, nuestra vida, nuestro tesoro, nuestra perla preciosa, por quien vale la pena perderlo todo con tal de tenerlo a él, sea encontrado, seguido, amado, adorado, anunciado y comunicado a todos” (DA 14).

 


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