HOMILÍA PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO
TOMA DE POSESIÓN DEL P. TEODORO BELTRÁN
DE LA PARROQUIA DE LA SANTA CRUZ

29 noviembre de 2009

Creo que es obligado en esta homilía tratar por separado dos puntos: primero referirme al primer domingo de Adviento y luego al acontecimiento que vive esta parroquia hoy cuando despide al P. Mariano Ordóñez Pérez y recibe al nuevo párroco, el P. Teodoro Beltrán Duarte.

1. Entre las dos venidas del Señor. El tiempo litúrgico de Adviento, cuyo primer domingo es hoy, sitúa a la Iglesia  y cada cristiano  ante la venida de Jesucristo.  Celebramos en la memoria litúrgica la primera venida del Señor en la debilidad de nuestra carne para redimirnos del pecado y de la muerte; y esperamos la plena liberación cuando venga de nuevo en la majestad de su gloria.

Nuestra existencia cristiana se realiza ente las dos venidas de Jesucristo, entre la memoria y la esperanza, entre lo que hemos recibido y lo que se nos ha prometido. Incluso podemos hablar de  otra venida intermedia; ya que Jesús nos prometió estar todos los días con nosotros hasta el fin del mundo (cf. Mt 28, 20).  En la celebración litúrgica – después de la consagración-  aclama la asamblea después de decir el sacerdote el “Este es el sacramento de de nuestra fe”: “Anunciamos tu  muerte, proclamamos tu resurrección; ¡Ven, Señor Jesús!  La iniciativa de su venida pertenece al Señor; nosotros no podemos forzarlo; viene porque recuerda (y cumple) su promesa y nos ama con fidelidad inquebrantable.  La Iglesia, entre las dos venidas de Jesús, camina por la historia entre tribulaciones y consuelos, entre sufrimiento y alegrías, acompañada por el Señor.  También hoy, en nuestra generación, Jesucristo nos dice: no los dejo solos, no tengan miedo, (estoy con ustedes).

2. El Reino de Dios, en el corazón del hombre. El Adviento es un tiempo oportuno para reavivar la esperanza en la escuela del pueblo de Israel, para agradecer la visita del Señor con la vida nueva que otorga y para despertar del sueño y aguardar al Señor con nuestras lámparas encendidas.  Pasado, presente y futuro quedan situados  por las venidas del Señor.  “Todas las promesas de Dios han recibido su sí en Jesucristo. Así por medio de él, decimos nuestro Amén a Dios” (2 Cor 1, 20).

Nosotros asociamos inmediatamente el lenguaje apocalíptico – como el que hemos oído hoy en el Evangelio- con lo catastrófico y terrorífico. (Así lo hacen muchas iglesias que constantemente están atemorizando a las personas con su predicación). Pero la conmoción cósmica y la consiguiente convulsión de la humanidad, presa del pánico y de la angustia, tiene, como hemos escuchado, otra perspectiva: “Levanten la cabeza, se acerca su liberación”.  De esa devastación y espanto nos liberará el Señor, ya que nos promete su amparo en los sufrimientos y persecuciones por Dios y el Evangelio en la hora presente. La otra cara del estremecedor discurso apocalíptico –y que quiero subrayar este día-  es la potencia salvadora de Dios.

El Reino de Dios viene y está a las puertas del mundo, pero las puertas del mundo están en el corazón del hombre.  El Señor está a la puerta y llama; (es decir, hermanos y hermanas, que está ahora mismo tocando la puerta de sus corazones) pero el hombre o la mujer puede escuchar y abrirlo, o puede hacerse el sordo y aplazar indefinidamente la respuesta.  En el corazón del hombre comienza el cambio de la sociedad y de la historia.  La esperanza que ilumina el corazón es una llamada a seguir adelante, a abrir caminos de amor y de justicia, de libertad y de paz.  La esperanza infunde ánimos y da nuevas fuerzas cuando la vida está cansada y desganada.

3. El Adviento, en medio de nuestra historia. Celebramos el tiempo de Adviento en medio de nuestra historia personal, familiar, social y eclesial.  Hay situaciones que nos dan esperanza y alegría, y otras en que experimentamos duras pruebas. ¿Cómo vamos a negar las dificultades de nuestro tiempo, que dejan en nosotros tanto desasosiego, de malestar, de inquietud: como la violencia, la inseguridad, la creciente pobreza, la corrupción, la impunidad, el tener que viajar fuera del país para buscar trabajo con todo lo que esto significa y luego ser deportados, sufrir secuestros en el camino y perder todo lo que por años se había adquirido con trabajo duro? Fácilmente surge en nuestro interior un grito de petición de ayuda.  ¡Despierta tu poder y ven a salvarnos! ¡Restáuranos, Señor, y muéstranos tu rostro! (cf. Sal 79/80). La lectura del profeta Jeremías es también una lectura actual; el Señor suscitará un Germen justo. “En este lugar del que dicen que es una ruina… volverá a escucharse la voz de la alegría y de la fiesta” (Jer 33, 10-11). El Señor será nuestra justicia, será fiel a su promesa de salvación.  La crisis económica, laboral, cultural, familiar, religiosa pueden pasar  de una fase de oscuridad e incertidumbre a otra en que, purificados y renovados, podamos alegrarnos con el gozo que nace del discernimiento y la conversión.

El Evangelio nos llama a vigilar y orar. De la meta que es el encuentro definitivo con el Señor (cf. Lc 21, 38) reciben  esas actitudes su sentido y su fuerza.  La esperanza derrama su luz sobre la existencia; sostiene  en la fidelidad al Señor; y la oración vigilante es como el aceite que alimenta la lámpara de la esperanza. El tiempo litúrgico del Adviento celebra, cultiva y fortalece nuestra esperanza en Dios que no defrauda. 

(Ricardo Blázquez, obispo de  Bilbao).    

4. Ahora damos un paso más, el que todos ustedes esperan con ansia. En esta celebración despedimos al Padre Mariano y le  damos las gracias por los años que ha trabajado en esta parroquia.   Quiero expresarle al Padre Mariano mi aprecio sincero, mi profunda gratitud de pastor de esta diócesis por todo el trabajo pastoral que ha realizado en esta parroquia tanto aquí entre ustedes como en las numerosas aldeas que forman esta parroquia.  Gracias por ser un párroco como lo describe Aparecida: “ (…) hombre de la misericordia y la compasión, cercano a su pueblo y servidor de todos, particularmente de los que sufren grandes  necesidades” (DA 198).  “Pero sin duda, no basta  la entrega generosa del sacerdote (…).  Se requiere que todos los laicos se sientan corresponsables en la formación de los discípulos y en la misión.  Esto supone que los párrocos sean promotores y  animadores  de la diversidad misionera.  Una parroquia  renovada multiplica  las personas que prestan servicios  y acrecienta  los ministerios”. (DA 202)   Gracias, padre Mariano, por tu dedicación a construir esta parroquia con tu trabajo de Buen pastor.

También este día presento ante ustedes a su nuevo párroco, el P. Teodoro Beltrán Duarte.   Con cuatro verbos quisiera indicar cuál será el trabajo pastoral del Padre Teodoro.  Los verbos son éstos: conocer, cuidar, ser responsable, respetar, que indican el camino por el cual puede ir el P. Teodoro.

Conocer: será la primera tarea que se impondrá el nuevo párroco. Conocer a las personas a ser posible por su nombre, conocer las familias, y la realidad que viven sus feligreses.  Conocer a profundidad a las ovejas es la primera característica del buen pastor (cf Jn 10, 15).
Cuidar: El buen pastor se desvive por las ovejas. Las alimenta con la Palabra de Dios que sabe dar con abundancia, con los sacramentos que dan vida, y con su guía pastoral. No es como el asalariado que cuando ve venir al lobo las descuida.   
Es responsable de las personas.  Jesús nos indicó lo que significa ser responsable: es dar vida, hacer vivir. Y él mismo está dispuesto a dar su vida por las ovejas (Jn 10, 16). ¡Cuántos ejemplos recientes tenemos de pastores que dieron su vida por sus feligreses aquí en Guatemala!
Respetar: significa mirar a la cara, conocer los problemas y dificultades y buscar las soluciones. Estar “atento a las necesidades de los más pobres, comprometidos en la defensa de los derechos de los más débiles y ser promotores de la cultura de la solidaridad” (DA 199).

 Padre Teodoro te entrego este día dos documentos: mi convocación  a las Santas Misiones Populares  para una misión permanente que después tú comentarás en esta parroquia y una carta que los obispos de Centro América escribimos a los sacerdotes.  Dios bendiga tu ministerio en esta parroquia.