Homilía

en la Fiesta de la Virgen Inmaculada de Lourdes

María,   es el santuario vivo del Verbo de Dios

 

Queridos hermanos y hermanas:

1. Una vez más, durante ocho años consecutivos tengo la alegría y el privilegio estar con ustedes en la fiesta patronal de esta parroquia, honrando a nuestra queridísima Madre, La Virgen Inmaculada de Lourdes.   El 9 de febrero de 2002,   tomé posesión de la diócesis de Jalapa y dos días después tuve el honor de presidir la primera celebración   y desde entonces esta parroquia ocupa un lugar especial en el corazón del Pastor.

Hace dos años me tocó en suerte celebrar con ustedes los 150 años de las apariciones de nuestra Señora en Lourdes a la joven Bernardette.   En el 2008 tuvimos esta celebración que, si ustedes recuerdan bien, afianzó, por decirlo así, el propósito de construir aquí este templo a la Virgen Inmaculada, respondiendo a lo que ella le pidió a Bernardita que dijera a los presbíteros que se le edificase una capilla y desde entonces nos propusimos que aquí tenía que ser construido un santuario, con todo el significado que esta palabra tiene, como lo veremos hoy, porque ser ése el deseo de la Madre de Jesús.   Tengo que agradecer de una manera especial este día a todas las personas, reunidas en el grupo llamado MISAL se han interesado por hacer todo lo posible para que este sueño poco a poco se vaya haciendo realidad, así como lo agradezco al P. Jaime, que tanto la impulsó, y al ingeniero y la arquitecta que desde el comienzo han tenido a su cargo esta obra.

Tenemos otra razón más para estar gozosos este día: el Papa Benedicto XVI convocó un Año Sacerdotal, que va desde la solemnidad del Sagrado Corazón del año pasado, 19 de junio de 2009, hasta la misma solemnidad este año, el 11 de junio de 2010. Este Año Sacerdotal ha sido convocado por los 150 años de la muerte del Santa Cura de Ars, Santo Patrón de todos los párrocos.   Y la relación del Santo Cura de Ars con la Santísima Virgen María, aparecida en Lourdes la destaca el Papa Benedicto XVI en el final de la Carta que dirige a los sacerdotes del mundo: El cura de Ars con su gran espíritu de oración y penitencia era "era anticipadamente - dice el Papa- una viva ilustración de las grandes verdades sobrenaturales enseñadas (por la Virgen María) a la vidente de Massabielle. Él mismo (Cura de Ars) sentía una devoción vivísima hacia la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen; él, que ya en 1836 había consagrado su parroquia a María concebida sin pecado, y que con tanta fe y alegría había de acoger la definición dogmática ( de la Inmaculada Concepción) de 1854".

Para que nuestra fiesta sea celebrada con más alegría, oremos hoy por nuestra parroquia, por todos los que la forman, por sus familias, sin excluir a nadie; oremos especialmente por los enfermos, e incluyamos ahora en esta celebración a todos los sacerdotes de la diócesis.

"Confío este Año Sacerdotal a la Santísima Virgen María, - dice el Papa Benedicto XVI- pidiéndole que suscite en cada presbítero un generoso y   renovado impulso de los ideales de total donación a Cristo y a la Iglesia que inspiraron el pensamiento y la tarea del Santo Cura de Ars. Con su ferviente   vida de oración y su apasionada amor a Jesús crucificado, Juan María Vianney alimentó su entrega cotidiana sin reservas a Dios y a la Iglesia" (Carta a los sacerdotes con   motivo del Año Sacerdotal,   parte final).

2. Dando un paso adelante, permítanme que añada algo, que desde hace un tiempo se los había prometido: hablarles de la importancia de lo que se está haciendo en este lugar, del santuario dedicado a Inmaculada Virgen de Lourdes.   Lo haré siguiendo un documento precioso que conocí desde su publicación en Roma, el 8 de mayo de 1999, por el Pontificio Consejo para la pastoral de los emigrantes e itinerantes.

Con el nombre de santuario se designa una Iglesia u otro lugar sagrado al, por un motivo peculiar de piedad, acuden en peregrinación numerosos fieles (El Santuario, n. 1). Notemos ya que éste será, además de su templo parroquial, un lugar de peregrinación de mucha gente.   En el santuario, el encuentro con el Dios vivo se propone a través de la experiencia vivificante del Misterio proclamado, celebrado y vivido" (Ibid.). Lo fundamental del Santuario es un encuentro con Dios vivo en relación con la santísima Virgen María de Lourdes, cuyo mensaje se resume en cuatro palabras: conversión, oración, caridad y servicio a los enfermos y a los pobres.

En el santuario se realizan estas tres dimensiones: Mira hacia atrás y se hace memoria , mira al presente y es signo de la presencia divina y, dirige su mirada hacia el futuro, dado que es también profecía de nuestra Patria última y definitiva .

* Primero. En el santuario, en un clima de adoración, invocación y alabanza,   se hace memoria de la obra salvadora del Señor.   Como dice S. Gregorio, en todos los santuarios se pueden reconocer las huellas de la gran bondad del Señor para con nosotros," "los signos salvíficos del Dios que nos ha vivificado", "los recuerdos de la misericordia del Señor para con nosotros".   Esto se hace con tres perspectivas fundamentales:

Llenos de asombro y en actitud de adoración,   damos gracias a Dios conscientes de que hemos sido amados por Él antes de que nosotros fuéramos capaces de amarlo,   para expresarle nuestra alabanza por las maravillas que ha realizado, para pedirle perdón por nuestros pecados   y para implorar el don de la fidelidad en nuestra vida de creyentes y la ayuda necesaria para nuestro peregrinar en el tiempo .   La tercera perspectiva es el compromiso a favor de los demás.   El santuario recuerda el don de un Dios que nos ha amado tanto, hasta el punto de colocar su tienda entre nosotros (poner su casa entre nosotros) para darnos la salvación, para ser nuestro compañero en la vida, solidario con nuestro dolor y con nuestra alegría (Ibid. 8).

* En segundo lugar el santuario es el lugar de la presencia divina.

¿Cómo se expresa esto en el Santuario?

El misterio del santuario nos sólo nos recuerda que nuestro origen está en el Señor, sino también que el Dios que nos amó una vez no deja nunca de amarnos y que hoy, en el momento concreto de la historia   en que nos encontramos, frente a las contradicciones y a los sufrimientos del presente, él está con nosotros" (Ib. 9).   Así, el santuario es signo de la presencia divina, el lugar de la atualización de la alianza de los hombres con Dios y entre sí (Ib.).   Al santuario se va ante todo para invocar y acoger al Espíritu Santo que nos dio Cristo resucitado, y para llevar luego ese Espíritu a todas las acciones de la vida.

Todavía podemos seguir preguntándonos ¿Cómo se expresa esta presencia?

Y la respuesta es triple, sólo la indico puesto que su contenido es familiar a ustedes: El santuario es por excelencia el lugar de la Palabra, en la que el Espíritu Santo llama a la fe y suscita la "comunión entre los fieles".   Es, además, el lugar del encuentro sacramental con Cristo , especialmente de la Eucaristía y de la reconciliación.   "El santuario, en cuanto lugar de encuentro con el Señor de la vida, es signo seguro de la presencia del Dios que actúa en medio de su pueblo, porque en él, a través de su Palabra y sus Sacramentos, Él se comunica a nosotros... para que la gracia de los sacramentos libere a los peregrinos del pecado y les dé la fuerza de volver a comenzar con nuevo brío y con nueva alegría en el corazón, para ser entre los hombres testigos transparentes del Eterno" (Ibid. 11).

El santuario es lugar de la comunión eclesial en la fe y santidad.   En un santuario cada uno puede descubrir para qué vino al mundo. En el santuario se aprende a abrir al corazón sobre todo al que es distinto de uno: el huésped, el extranjero, el inmigrante, el refugiado, el que profesa otra religión, el no creyente, al hermano de otra comunidad eclesial o de otra religión.   El santuario no sólo es lugar de experiencia de Iglesia sino de convocación abierta a toda la humanidad (ib.).

 

* Finalmente, el santuario es en tercer lugar, signo de esperanza   de nuestro futuro : es profecía de la patria celestial.

El santuario se presenta como signo salvífico de esperanza, una evocación del horizonte más amplio que se abre a la promesa que no defrauda, al encuentro definitivo con Dios.   Pero    también es signo de esperanza para aquellas personas que más sufren como los enfermos.   Y esto es propio, característico de los santuarios que tienen a la nuestra Señora de Lourdes como patrona.

Por lo dicho, los santuarios se presentan como lugares que invitan a la alegría, a la conversión y a la renovación de nuestra vida, y sobre todo, como símbolo del cielo nuevo y de la tierra nueva que esperamos. "En el santuario resuena constantemente el <Magnificat , en el que la Iglesia <<encuentra vencido de raíz el pecado del comienzo de la historia terrena del hombre y de la mujer, el pecado de la incredulidad o de la poca fe en Dios y en el que María proclama con fuerza la verdad no ofuscada sobre Dios: el Dios santo y todopoderoso, que desde el comienzo es fuente de todo don, aquel que ha hecho obras grandes>> " (Ibid. 18).

3. Estoy llegando al final con estas palabras del documento sobre el Santuario:

María, es el santuario vivo del Verbo de Dios, el arca de la Alianza nueva y eterna.   Por este motivo, "La Iglesia a lo largo de toda su vida, mantiene con la Madre de Dios un vínculo que comprende, en el misterio salvífico, el pasado, el presente y el futuro, y la venera como madre espiritual de toda la humanidad y abogada de gracia, como lo demuestran la presencia de numerosos santuarios marianos esparcidos por el mundo, que constituyen un auténtico "Magnificat" misionero" (Ibid. 18).

Alegrémonos en el Señor,   vayamos a nuestra casa, a nuestra vida cotidiana con sus alegría y sus penas, con la gran esperanza de que María nos acompaña y guía nuestro caminar.   Sean conscientes como feligreses de esta parroquia de estar comprometidos en llevar adelante una obra de gran significado, que será un lugar donde Dios nos muestre su amor misericordioso con las características que hemos ya señalado. Nadie se sienta ajeno a esta obra, a la cual puede colaborar con una ofrenda pequeña o con una mayor, no importa. Lo que importa es que se haga con rectitud, con amor. Durante este año podremos ver ya la dimensión real que tendrá el santuario. Que todos ustedes regresen hoy a su casa,   gozos con la bendición que Dios les da por la intercesión de la Virgen Inmaculada y que en este Año Sacerdotal oren especialmente por los sacerdotes de la diócesis, sabiendo la relación estrecha que tuvo el Santo Cura de Ars con Nuestra Señora de Lourdes, como bien lo había señalado ya en el centenario Juan XXIII. Esto será tanto más significativo cuanto que en esta misma parroquia y en este mismo lugar, celebraremos la Misa crismal, el Martes Santo.   

Terminamos invocando a María y diciéndole con sencillez y gran amor: ¡Virgen Inmaculada de Lourdes, ¡Ruega por nosotros!

El Progreso, Jutiapa. 11 de febrero de 2010.

 

 

www.diocesisdejalapa.org -- Todos los derechos reservados -- ©Febrero 2010