Homilía en la fiesta de los santos Inocentes
cumpleaños 90 del P. Octaviano Battolini
Párroco de Moyuta
Usted es el sacerdote con más años de servicio en la diócesis de Jalapa
San Mateo refiere la muerte de los niños inocentes de Belén. Fue una consecuencia de la actitud de los magos de Oriente que, avisados en sueños, regresaron a su patria sin volver a Jerusalén conforma a la indicación que les había hecho Herodes. Este, al verse defraudado, con intención de hacer morir al nacido “Rey de los judíos”, da orden de matar a todos los niños inferiores a dos años en Belén y su comarca.
¡Cuántos fueron los santos inocentes que murieron? Si tomamos en “cuenta la mortalidad infantil de aquellos tiempos y que la orden incluía solamente a los niños (no a las niñas) probablemente el número de niños a que afectó la orden Herodes puede situarse entre quince y veinte” (Gabriel Pérez Rodríguez, Nuevo Año Cristiano, diciembre, p. 444).
“Herodes es el prototipo de todos de todos los opresores que asesinan sólo por miedo a perder un ápice de poder. En los inocentes de Belén vemos una realidad que siglo tras siglo, década tras década, empaña la historia de la humanidad y se torna en rostros concretos, independientemente de las razas o religiones… Los santos inocentes están vivos hoy y siguen mostrándonos sus rostros perseguidos” (P, Fraile-Yécora).
Si tomamos a Guatemala como ejemplo, permítanme que cite unos testimonios muy elocuentes de los años del conflicto armado interno. “Uno de los instrumentos de presión más fuertes contra las mujeres fue la utilización de los hijos para controlar, dominar y violentar las conciencias de sus madres: la tortura o muerte de familiares y la manipulación de los afectos como herramientas de tortura psicológica contra las mujeres.
“Los soldados le cortaron la cabeza con machete y luego a mi otro hijo menor, también le cortaron la cabeza. Caso 10581. Chisec, Alta Verapaz, 1982.
Los niños vieron todo lo que hicieron a sus mamás, sus hermanas y demás familiares, y después también a ellos los mataron. IC 027 (Victimario) 1982.
Especialmente escalofriantes resultan las denuncias de horrores contra las mujeres embarazadas y los niños que estaban en su vientre. Se trata de los integrantes del Ejército contra la población civil.
Las mujeres que iban embarazadas, una de ellas que tiene ocho meses ahí le cortaron la panza, le sacaron la criatura y lo juguetearon como pelota (…). Caso 6335, Barillas, Huehuetenango, 1981.
Tantos niños le quitan la cabeza, mujeres embarazadas lo sacan en cuatro partes, lo pedacea con machete. Caso 570, Rocja, Pasacuc, Cobán. Alta Verapaz. 1982.
Me refirieron personalmente los propios testigos los casos de niños que eran matados por soldados estrellándolos contra las piedras o los árboles. Y también - para honra de algunos soldados que eran padres de familia de niños que tenían esa edad- que ellos mismos fueron matados por rehusarse a obedecer esa orden.
“Muchos fueron los niños asesinados directamente por soldados y miembros de las PAC” (Guatemala, nunca más, Impactos de la violencia, p. 82).
Los soldados sin hacer pregunta alguna los amarraron a todos dentro de la vivienda. Rociaron con gasolina la casa y le prendieron fuego. Todos murieron quemados, entre ellos un niño de cómo dos años de edad…Fueron masacrados mi mamá, hermana, cuñado junto a sus tres hijos” Caso 3164, San Cristóbal Verapaz, AV. 1982.
Prendieron fuego a la casa con todos los chiquitos… (Caso 600, Chajul, Quiché, 1982.
Tiraron bombas, granadas… se asomaron en un barranco, fue cuando cayeron más niños y a las mujeres embarazadas las agarraron vivas, las partieron y les sacaron el bebé” IIC 11. Chimaltenango, 1967- 68) (Ib. p. 83).
Estos niños, que no conocían a Cristo, dieron testimonio de Cristo “no con palabras sino con su sangre” (oración colecta).
******
Lo dicho hasta ahora no pareciera lo más adecuado para lo que nos hemos reunido a celebrar. En efecto, este día, Padre Octaviano, hemos querido venir a esta celebración para felicitarlo por sus 90 años de vida. Son muchos años que Dios le ha concedido y gracias a Él, Usted está aún en muy buenas condiciones de salud. Nosotros hemos querido reunirnos e invitar a los feligreses, fieles laicos, para que nos acompañen a darle gracias a Dios por todos los dones que le ha concedido y también por el hecho de que Usted ha servido a esta diócesis como párroco hace casi cincuenta años. Usted es el sacerdote con más años de servicio en la diócesis de Jalapa.
Son muchas las parroquias – como nos lo ha hecho ver el Padre Mariano- donde se le recuerda con cariño. De manera particular Moyuta donde usted lleva muchos años, más de veinticinco, trabajando como buen pastor.
Usted optó por esta tierra y se olvidó de la suya. Mejor dicho optó por hacer suya esta tierra y por eso quiere vivir aquí, entre nosotros, hasta el último día de su vida.
Nosotros somos sus hermanos, Padre Octaviano. Por eso nos hemos reunido este día para unirnos a usted en su acción de gracias y expresarle a Dios nuestro agradecimiento por todo el bien que usted ha hecho en la diócesis de Jalapa. A cuántos ha bautizado, confesado, unido y bendecido en matrimonio, a cuántos ha escuchado contar sus penas y alegrías, a cuantos ha ofrecido el consuelo de la palabra, a cuántos ha acompañado en los últimos días de su vida. Es imposible contar las personas a las cuales usted ha llevado a Cristo.
Permítanos este día agradecerlo a Usted.
Gracias Padre Octaviano porque usted se ha preocupado por los más pobres y ha hecho todo lo posible por ayudarlos. Con cuántas personas y familias usted se ha solidarizado ayudándoles a vivir más dignamente. No puedo ni quiero detallar, porque sería interminable. Baste que de manera general le expresemos nuestro agradecimiento por haber llegado a amar tanto a las personas de la diócesis Jalapa.
Por lo que Usted y su Superior general me han expresado, Usted ha recibido la obediencia de dejar el trabajo pastoral en la parroquia de Moyuta, y ha decidido quedarse viviendo en ese lugar, concretamente en la llamada “Colonia”.
Queremos decirle que cuente con nosotros, que nos vea como hermanos, más aún, como amigos, a quieren estar cerca de usted y ayudarle. No dude en acudir a nosotros cuando lo necesite. Queremos que viva feliz, que se sienta querido por la gente de la parroquia por quienes usted tanto trabajó.
En este Año Santo sacerdotal queremos expresarle nuestra admiración por su celo pastoral sostenido hasta el último momento de párroco.
¡Felicitaciones por sus noventa años, Padre Octaviano!
Parroquia La Santa Cruz, Jutiapa, 28 de diciembre de 2009.
www.diocesisdejalapa.org -- Todos los derechos reservados -- ©Diciembre 2009
|