Homilía en la parroquia de la Inmaculada Concepción, en Morazán
Al darle posesión como nuevo párroco al Pbro. Víctor Manuel Alvizures Rodríguez

El párroco es representación sacramental de Cristo

1. Queridos hermanos y hermanas: vengo con gran alegría a presentarles a su nuevo párroco, el Pbro. Víctor Manuel Alvizures Rodríguez, un sacerdote muy dinámico, un verdadero misionero, que será ante ustedes un representante personal de Cristo y, a la vez, una sacerdote muy humano.  
Pero antes, permítanme que les explique la Palabra de Dios que acabamos de escuchar.

La primera lectura nos recuerda:

. que se nos ha perdonado los pecados en el nombre de Jesús,
. que conocemos al que es desde el principio, al Padre,
. que permanece en nosotros la Palabra de Dios
. y que hemos vencido al maligno.

Esto último lo afirma dos veces cuando habla a los jóvenes.  Son los que más fortaleza y valentía necesitan en su lucha contra el mal.
A unos y  otros dice Juan que les dice no amen al mundo.  El mundo es el maligno. El que ama al mundo no pude decir que ama a Dios.  Juan no se refiere a la creación, sino que esta palabra tiene en este caso un sentido peyorativo, equivale a las pasiones del hombre terreno,  a la codicia de los ojos y a la arrogancia del dinero.  El mundo, son las fuerzas del mal, en cuanto que se oponen a Jesús y a su Reino. Es dar la prioridad no a Dios, sino al materialismo, al sensualismo, a las ambiciones del propio yo.

En el evangelio nos encontramos este día con la anciana Ana.  Es un claro testimonio en este tiempo de Navidad, junto con los santos Esteban, Juan, los Inocentes, el mismo Simeón, los pastores, los magos y sobre todo, José y María.  Ahora es esta mujer, sencilla, de pueblo, que desde hace tantos años sirve al templo  y que ha sabido reconocer la presencia del Mesías y da gracias a Dios y después hablan del niño.   Es viuda y está en el templo desde hace años. Ella da ejemplo de fidelidad y de amor.

¡Cuantas personas como Ana habrá en esta parroquia! En lo sencillo y cotidiano esta Dios. Esta es una experiencia que tenemos nosotros los obispos, que andamos por todas las parroquias de la diócesis. Encontramos en todos los lugares personas sencillas, humildes a quienes Dios se manifiesta de manera especial.

 El evangelio de hoy termina diciendo que Jesús vuelve a Nazaret y allí el niño iba creciendo y  robusteciéndose y se llenaba de sabiduría  la gracia de Dios lo acompañaba.  Los vecinos no notaban nada, sólo José y María sabían del misterio.

La Navidad nos enseña la importancia de la familia.  El domingo recién pasado lo recordamos.  Yo sólo quiero recordar que en nuestro Proyecto pastoral,  la familia es una prioridad y que todas las parroquias están llamadas a darle un lugar prioritario a la familia. 

2. En este marco, vamos a realizar el cambio de párroco de esta parroquia de Nuestra Señora de Concepción.  Ante todo, doy muchas gracias al Padre Pedro por su ministerio como párroco. ¿Y saben porqué?
Porque no quiso que ustedes se quedaran solos, sin párroco.  Cuando necesité de su presencia como párroco no lo dudó ni un momento. En el instante, me respondió que Sí y lo hizo con agrado, con rostro sonriente. Y siempre se ha mantenido así.
Tengo que agradecerle también el haber atendido estos años la parroquia, sin quejarse ni del calor, ni de las personas, ni de alguna otra cosa.  Ha mantenido abiertas las puertas de la iglesia, ha mantenido abiertas las puertas de la casa parroquial  y su corazón también ha estado abierto para la gente que lo ha buscado.  Gracias padre Pedro porque tu amor a esta parroquia ha sido tan grande que permitiste y, de buena gana, que otro párroco viniera a ayudar a los jóvenes que lo necesitaban.  Gracias por la sencillez de tu vida.  Hoy puedes entregar con alegría esta parroquia diciéndole al obispo: misión cumplida. Dios te ayude en tu nueva misión en Sanarate.

Ahora les presento al nuevo párroco, el P. Víctor Alvizures Rodríguez y lo voy a hacer citando ampliamente al Papa Juan Pablo II:

“Cristo está presente en la Iglesia del modo más sublime en el santísimo Sacramento del altar.  El Concilio Vaticano II, en la Constitución dogmática Lumen Gentium, enseña que el sacerdote in persona Christi celebra el sacrificio de la misa y administra los sacramentos (cf. n..10). Además, como observaba mi venerado  predecesor Pablo VI en la carta encíclica Mysterium fidei, inspirándose en el número 7 de la constitución Sacrosanctum Concilium , Cristo está presente a través de la predicación y la guía de los fieles, tareas a las que el presbítero está llamado personalmente. 
La presencia de Cristo, que así se realiza de manera ordinaria y diaria, hace de la parroquia una auténtica comunidad de fieles.  Por tanto, tener un sacerdote como pastor es de fundamental importancia para la parroquia (…).

La relación fundamental que tiene con Cristo, cabeza y pastor, como su representación sacramental, determina esta peculiar fisonomía eclesial del sacerdote.  En la exortación apostólica Pastores dabo vobis afirme que “la relación con la Iglesia se inscribe en la única y misma relación del sacerdote con Cristo, en el sentido de que la “representación sacramental” de Cristo es la que instaura y anima la relación del sacerdote con la Iglesia” (n 16).  La dimensión eclesial pertenece a la naturaleza del sacerdocio ordenado.  Está totalmente al servicio de la Iglesia  de forma tal que la comunidad eclesial tiene absoluta necesidad del sacerdocio ministerial para que Cristo, cabeza y pastor, esté presente en ella. (…)

Sin la presencia de Cristo representado por el presbítero, guía sacramental de la comunidad, esta no sería plenamente una comunidad eclesial. 

Decía antes que Cristo está presente  en la Iglesia de manera eminente en la Eucaristía, fuente y culmen de la vida eclesial.  Está realmente presente en la celebración del santo sacrificio, así  como cuando el pan consagrado se reserva enel tabernáculo “como centro espiritual de la comunidad religiosa y de la parroquia” (Pablo VI, carta encíclica Mysterium  fidei, 38).  Por esto el Concilio Vaticano II  recomienda que “los párrocos han de procurar que la celebración de la Eucaristía sea el centro y la cumbre de toda la vida de la comunidad cristiana (CD, 30).

Sin el culto eucarístico, como su corazón palpitante, la parroquia se vuelve estéril..

La parroquia es además, el lugar privilegiado del anuncio de la palabra de Dios.  
(…)  Por lo que respecta al sacerdote, “anuncia la Palabra en su calidad de “ministro”, partícipe de la autoridad profética de Cristo y de la Iglesia” (PDV 26).  Y para desempeñar fielmente este ministerio “debe de ser el primero en tener una gran familiaridad  personal con la palabra de Dios” (ib).

Aunque otros fieles no ordenados lo superaran enelocuencia, esto no anularía el hecho de que es representación sacramental de Cristo, cabeza y pastor, y de esto deriva sobre todo la eficacia de su predicación.  La comunidad parroquial necesita esta eficacia, especialmente en el momento más característico del anuncio de la Palabra por parte de los ministros ordenados: precisamente  por eso la proclamación litúrgica del Evangelio y la homilía que la sigue están reservados ambas al sacerdote.

También la función de guiar a la comunidad como pastor, función propia del párroco, deriva de la relación peculiar con Cristo, cabeza y pastor.  Es una función que reviste carácter sacramental. No es la comunidad quien la confía al sacerdote,  sino que por medio del obispo, le viene del Señor.  Reafirmar esto con claridad y  desempeñar esta función con humilde autoridad constituye un servicio indispensable a la verdad ya la comunión eclesial”.

Desde luego, que el párroco no está solo, ni debe actuar sólo.  Necesita de manera imprescindible de la colaboración de los laicos. De ahí la importancia que tiene el consejo pastoral parroquial.

Dichoso padre Víctor, que para ejercer el ministerio de pastor de esta parroquia, cuenta con el apoyo  lleno de cariño, de buen ánimo, de todos los feligreses y desde luego con la maternal protección, ejemplo e intercesión de María, invocada como la Inmaculada  Concepción.   

 

Parroquia Nuestra Señora de Concepción, 30 de diciembre de 2009.

 

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