Homilía
en la parroquia de nuestra Señora del Rosario, Sanarate,
en la despedida del P. José Raúl Ruano Carías y la toma de posesión del Pbro. Leonardo Nájera y el P. Pedro

Hoy es domingo. Éste es el motivo principal por el cual la comunidad de discípulos de Jesús es convocada a celebrar la Eucaristía. Hoy es un domingo del tiempo de Navidad, dos días justamente después de esta solemnidad, en el cual seguimos celebrando la Encarnación del Hijo de Dios.  En este domingo se nos propone contemplar la dimensión familiar de la encarnación, que es una dimensión importante de nuestra vida y de toda vida humana.  Una dimensión importante también porque se trata de contemplar a aquel que es “La Palabra”, que “se hizo carne y acampó entre nosotros”.  Hoy no es un día para tratar de la familia en sí misma, sino para celebrar la fe en Jesucristo, el Hijo de Dios que se ha hecho uno de nosotros, un hombre concreto, en el seno de una familia y de un pueblo concretos, para vivir “el gozo y la esperanza, la tristeza y la angustia de los hombres (y mujeres) de nuestro tiempo” (GS 1).  

En este día domingo, fiesta de la Sagrada Familia, esta parroquia vive un momento importante de su historia: el cambio de su párroco y – podría decir- no es un cambio común y corriente, sino un cambio especial: por un lado, doloroso y, por otro,  lleno de luz, de alegría, de esperanza y de compromiso.  Hoy, ustedes no van a regresar los mismos a casa. Algo nuevo ha de llegar a sus corazones.  Ustedes van a ser capaces de distinguir los signos de Dios en los hechos concretos que les toca vivir.

Digo que hoy es un día doloroso.  Porque el ministerio pastoral del P. Raúl ha sido, sin lugar a dudas, una bendición de Dios para todo este pueblo. Ha representado a Jesucristo ante la comunidad, ha trabajado para que ustedes sigan a Jesucristo y lo amen.  Hagan memoria de cuando llegué a esta diócesis y cuando los estuve visitando las primeras veces. En Sanarate había lamentos, enojos fuertes y hasta signos de violencia.  Hice los primeros cambios, le di a esta parroquia toda la importancia que se merecía, y les envié a sacerdotes que atendieron lo mejor posible esta población. Hasta que llegó el momento de los cambios generales en la diócesis y entonces nombré párroco al P. Raúl.  Desde entonces yo mismo me daba cuenta de los cambios que experimentaba la comunidad parroquial, porque el P. Raúl estuvo siempre muy atento para que el obispo conociera la parroquia, aun las aldeas por pequeñas que fueran, lo cual se lo agradezco. La comunidad fue cambiando de actitud, Jesucristo fue siendo el centro de la vida parroquial, la parroquia fue asumiendo en forma cada vez más clara las cuatro realidades que la caracterizan: La liturgia, con celebraciones de la Eucaristía. Con las dos mesas que alimentan a los fieles: la mesa de la Palabra y la Eucaristía. El templo parroquial se fue haciendo insuficiente para los feligreses que acudían con hambre y sed de Dios.  La adoración al Santísimo los días jueves fue cada vez más concurrida. Manifestándose así esa dimensión litúrgica - y especialmente eucarística-  muy elocuente, hasta el punto de haber llegado a la decisión compartida por todo el pueblo de remodelar y ampliar el templo para que aumentara su capacidad, su funcionalidad y su belleza. Aquí el P. Raúl  ha tenido un éxito muy grande, que ahora será continuado por el  Párroco que llega, el P. Leonardo.

Alegrémonos por todo lo bueno que ha hecho el P. Raúl y demos todo el apoyo a quien llega para que se continúe las buenas obras emprendidas y les ponga su sello personal.  Pido a todos su colaboración: a quienes ahora colaboran directamente en la reconstrucción, que se pongan a las órdenes del nuevo párroco que él será el responsable de continuar esta obra.  Pido encarecidamente a la Cofradía de nuevo su colaboración, le suplico en esta ocasión que tome en cuenta lo que les hemos pedido el P. Raúl y yo como obispo, desde hace mucho tiempo: es necesario sacar las andas del lugar donde están, porque la remodelación del templo aprobada por PROCORVI, incluye esa parte de terreno. Han recibido también la advertencia de parte de los arquitectos del mismo PROCORVI .Se los suplico una vez más. Tienen el tiempo necesario para preverlo. Espero que tengan la mejor buena disposición para hacerlo.
 
La segunda característica de la parroquia además de la Liturgia, es la koinonía,  es la comunión de los discípulos.  El padre Raúl se ha esforzado por lograr la comunión de las todas las comunidades de esta parroquia.  Las visitaba personalmente, las atendía con mucho esmero, hasta donde las fuerzas y el tiempo se lo permitían. Tomó una actitud de diálogo con todas las personas responsables y se puso a las órdenes de quienes le necesitaban. Esta parroquia ha vivido el misterio de comunión que el Papa Juan Pablo II nos ha pedido insistentemente para el comienzo de este siglo: “Hacer de la Iglesia, la casa y la escuela de la comunión: es éste el gran desafío que tenemos ante nosotros en el milenio que comienza, si queremos ser fieles al designio de Dios y responder también alas profundas esperanzas del mundo” (NMI, 43).

La tercera nota de la parroquia es la martiría, es decir, el testimonio de la vida de los cristianos que se convierte en una luz que ilumina, en una fuerza poderosa que atrae,  en una vida con sentido que otros quieren también vivir. El testimonio es vivir la vida cristiana, llegando a expresar completamente la vocación recibida en el Bautismo, es decir, viendo conforma a la que vivió Jesús. Él ha sido la imagen del Dios invisible (Col 1, 15), el que nos ha dado a conocer a Dios “(Jn 1, 18).  Aquí el Padre Raúl ha logrado unos éxitos grandes: el trabajo con los jóvenes ha sido ejemplar, y no sólo con ellos sino también con sus padres, con toda la familia.  Podemos decir que en Sanarate, ante los graves problemas que vive la juventud y aun la familia el día de hoy, el P. Raúl ha sembrado una nueva semilla de gracia, de cambio, de esperanza. Aquí se ha vivido la opción por los jóvenes, que Puebla hizo por primera vez, y luego se ha repetido en la Iglesia de América Latina. Por eso, damos gracias a Dios y al Padre Raúl. Es una obra que ha de continuar. Tengo la certeza que el nuevo párroco lo hará.  Pero no sólo los jóvenes han vivido esta vida cristiana sino también las familias enteras. Y muchas personas individualmente.   Este  es el rostro misionero de esta parroquia, que es misionero en cuanto que es cristiano.  Es buena noticia para jóvenes y sus familias que ahora se aman entre sí más que antes.

Finalmente la parroquia, que es el lugar de la diakonía, del servicio,  de la solidaridad, que supone la atención a los más pobres. Es algo que no puede faltar en la Iglesia. “Porque todo lo que tenga que ver con Cristo, tiene que ver con los pobres. Y todo lo relacionado con los pobres reclama a Jesucristo: “Cuanto hicieron con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicieron” (Mt 25, 40) (DA 393) . “El servicio de caridad de la Iglesia entre los pobres, es un ámbito que caracteriza de manera decisiva la vida cristiana, el estilo eclesial y la programación pastoral” (Ib. 394).  “La diakonía de la parroquia es multiforme y cada parroquia tiene sus dones para poder mostrar de manera propia y específica una <una Iglesia servidora> entre los necesitados, en la cultura, en el medio ambiente, en la política>” (Enzo Bianchi-Renato Corti, La parroquia,  45).

Por todo esto, decía que este día era de dolor para esta parroquia despide a un gran párroco, el P. Raúl.  Creo que podemos decir en lenguaje cristiano que damos gracias a Dios y al P. Raúl por todo lo que hizo en esta parroquia y que es sólo un anuncio de lo que podrá hacer en la parroquia para la cual está destinado ahora por su obispo y, mejor sería, decir, por Dios, porque como obispo lo que quise hacer fue interpretar todos los signos que indicaban en qué parroquia Dios quería a cada sacerdote de la diócesis.

Por eso, también les digo con seguridad que hoy es un día de luz, de alegría, de esperanza y de compromiso. El nuevo párroco que llega tiene todas las cualidades requeridas para dar continuidad a la obra que el P. Raúl ha iniciado y para enriquecerla con sus propios talentos y dones.  Me es muy grato presentarles en este momento al P. Leonardo Nájera Jiménez. Viene de la parroquia de Mataquescuintla y su campo de acción ha sido muy amplio. Es la persona capaz para ser ahora su párroco.  Está lleno del Espíritu de Dios y en su persona y obras no hará otra cosa sino ser ante ustedes la imagen viva de Jesucristo, Palabra de Dios, profeta de Dios, liturgo-santificador, Buen Pastor.  Los sacerdotes puede ser muy humildes, sencillos, discretos,  pero siempre son en la Iglesia y para la Iglesia “una representación sacramental de Jesucristo, Cabeza y Pastor, proclaman con autoridad su palabra; renuevan sus gestos de perdón y de ofrecimiento de la salvación (…); ejercen hasta el don total de sí mismos, el cuidado amoroso por el rebaño, al que congregan en la unidad y conducen al Padre por medio de Cristo en el Espíritu.  En una palabra, los presbíteros existen y actúan para el anuncio del Evangelio al mundo y para la edificación de la Iglesia, personificando a Cristo, Cabeza y Pastor y en su nombre” (PDV, 15). Esta es la grandeza del sacerdote, estar totalmente al servicio de Cristo y de su comunidad. 

Por  eso, con particular alegría, doy  hoy posesión canónica de esta parroquia al P. Leonardo  y le nombro párroco de esta parroquia, según se leerá a continuación.

Gracias padre Raúl por todo tu servicio a esta parroquia, y bienvenido Padre Leonardo como párroco a esta parroquia.  Quiero finalmente decirles que también estará en esta parroquia como Vicario Parroquial, el P. Pedro Alfaro. También de él vale lo que acabo de decir de todo presbítero.  Colaborará con el P. Leonardo y ambos darán testimonio de unidad, comunión y servicio a la parroquia.  Sea bienvenido el P. Pedro, como Vicario parroquial de esta parroquia.

P. Leonardo y P. Pedro: cuenten siempre en su ministerio con el amor, la intercesión y el apoyo de nuestra Madre, Nuestra Señora del Rosario, patrona de Sanarate.

Parroquia de nuestra Señora del Rosario, Sanarate, 27 de diciembre de 2009, fiesta de la Sagrada Familia.


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