Palabras del obispo en la misa de acción de gracias por los XXV años de vida sacerdotal del Padre Teodoro de José Beltrán Duarte Cristo Sumo sacerdote, misericordioso y fiel
Muy querido padre Teodoro: Este día hemos venido y estamos presentes junto a ti: presbíteros, consagradas y sobre todo numerosos laicos de varias parroquias donde tú has sido párroco, para sumarnos a tu acción de gracias a Dios por los XXV años de vida y ministerio sacerdotal. Durante estos años cuánto bien hecho en nombre de Cristo a favor de tus hermanos y hermanas que han acudido a ti para oír la Palabra de Dios, recibir de tus manos los sacramentos de vida y ser guiados por ti al encuentro con Jesucristo, nuestro Salvador. Nuestra acción de gracias de este día tiene algunos acentos que me vas a permitir que mencione: porque tu vocación fue un llamado que Dios te hizo en este pueblo, en tu comunidad cristiana de San José, Las Cañas, y por el hecho de haber tenido un padre, don Catalino, que además fue maestro tuyo en la fe. Otra nota es el recuerdo agradecido del obispo Monseñor Miguel Ángel García Arauz, que te ordenó y se preocupó por tu formación y puso su confianza en ti. Señalo también el hecho de haber sido párroco de varias parroquias de esta diócesis, comenzando por la parroquia de San Francisco de Asís, en Pasaco, donde fuiste iniciador de todo, hasta la de nuestro Señor de Esquipulas, pasando por la de Nuestra Señora del Rosario, en Sanarate. Y no puedo dejar de mencionar el cuidado que has tenido por la formación teológica de los laicos, tu dedicación al bien de esta Iglesia particular como decano y por la tenacidad que te ha caracterizado de impulsar la creación de la futura diócesis de Jutiapa. No debo dejar de mencionar con agradecimiento tu paso por el Seminario Mayor Nacional. Pero este día quisiera de manera especial decirte que nuestra acción de gracias se concentra en una sentida acción de gracias por tu participación en el Sacerdocio de Cristo, por el ministerio sacerdotal que recibiste por la imposición de manos que Mons. Miguel Ángel García Arauz hizo en tu persona, en esta misma parroquia hace veinticinco años. Por esta razón, dirijo mi pensamiento a la Carta a los Hebreos. Este es el único escrito del NT que habla de Cristo como sacerdote. Y desde luego, nos preguntamos: ¿Existe alguna relación entre el sacerdocio de Cristo y el que recibiste en día de tu ordenación, Padre Teodoro? En el capítulo 2, 17 de la Carta a los Hebreos se encuentra un texto de suma importancia para la estructura de esta carta, Se habla allí de Cristo como sumo sacerdote "misericordioso y fiel" . "Estos dos adjetivos resumen el sentido del sacerdocio de Cristo. Misericordioso se dice con relación a los hombres y fiel con relación a Dios. Al hablar de misericordia, el autor insiste en que Jesús se ha hecho semejante a nosotros "en todo, menos en el pecado". No se trata de una semejanza genérica: ese "todo" quiere poner de relieve que se ha hecho solidario también en los aspectos más dolorosos y difíciles del existir humano. Por eso, los evangelios presentan a Jesús al lado de los marginados y pecadores. Si lo comparamos con los sacerdotes de la Antigua Alianza, Cristo no va a ejercer su mediación por un sistema de separación ritual, sino justamente al contrario: por la comunión con los sufrimientos con aquellos que "a los que no se avergüenza de llamar hermanos". Cristo es sumo sacerdote "fiel", digno de fe, en cuanto ha sido acreditado por Dios, y, por eso, nosotros podemos acercarnos a él confiadamente. Tampoco se pude negar el sentido activo que tiene "fiel", es decir, que Cristo ha sido fiel al Padre. Esta fidelidad que tuvo su punto culminante en la pasión de Cristo, ha adquirido la forma dramática de obediencia: "Aun siendo Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer". El riquísimo texto de Hebreos 5, 7-8, en el que se dice que Cristo "habiendo ofrecido súplicas, con gritos y lágrimas, al que podía salvarle de la muerte, fue escuchado por su actitud reverente" se parece mucho a lo que dicen los evangelios: Jesús, en el curso de su oración, pasó de expresar su libertad ante el Padre ("pase de mi este cáliz") a la ofrenda de la propia libertad en forma de obediencia ("pero no se haga mi voluntad, sino la tuya"). Misericordia y fidelidad no son, pues, dos aspectos independientes, sino a la manera de la sístole y la diástole de un mismo proceso. La solidaridad con los hermanos es la forma histórica de la fidelidad de Jesús al Padre. Con la entrega de la propia vida hasta la muerte, Cristo se convierte, de una vez para siempre, en el "sacerdote, víctima y altar". Por la eficacia de aquel sacrificio, estas dos cualidades trascienden su realización histórica y quedan incorporadas de manera permanente a la obra salvadora de Cristo. Por otra parte, misericordia y fidelidad no son aspectos más entre otros, de los que el autor de la Carta se ha servido de manera coyuntural. Se trata de dos elementos fundantes del misterio de Cristo. Hablar de Cristo como sacerdote es mucho más que un título. Se trata de una representación total de su misterio como mediador de Dios y los hombres. Así podemos comprender mejor lo que pensaba y hacía la comunidad eclesial. De hecho los últimos capítulos de esta Carta a los Hebreos, se dedica a presentar algunas cuestiones fundamentales de la vida cristiana, unidas en torno a la fe, la esperanza y la caridad. Es en ese contexto en el que el autor habla repetidamente de los "guías" de la comunidad, es decir del los sacerdotes, que ejercen el ministerio de la presidencia. De ellos se subraya el anuncio de la palabra, el testimonio de la fe y el servicio de la caridad: ellos, "se desviven por el bien de sus almas". Ni la comunidad en su conjunto ni menos aún ellos podían no sentirse interpelados por aquellas dos cualidades en torno a las cuales se había presentado el misterio del Señor. Del mismo modo, ahora que conocemos mejor esta carta gracias a los estudios del Padre Vanhoye, podemos acudir a Cristo sacerdote misericordioso y fiel, para encontrar el modelo de la identidad más genuina de la identidad del sacerdote cristiano, como lo hacemos hoy, en tu fiesta, Padre Teodoro. Oramos este día con la oración litúrgica por los ministros de la Iglesia: que te conceda disponibilidad para la acción, mansedumbre en tu ministerio y perseverancia en la oración; que toda tu vida sea ofrecida junto con Cristo sumo sacerdote misericordioso y fiel en oblación espiritual; que sigas siendo fiel ministro del Evangelio, de los sacramentos de vida y de la caridad; que tu experiencia con las Santas Misiones Populares te marque para toda la vida como fiel discípulo misionero de Jesucristo para que en Él esta diócesis tenga vida. A nombre de toda la diócesis, recibe, Padre Teodoro, nuestra felicitación y juntos demos gracias a Dios por el don que te hizo hace veinticinco años. Parroquia Nuestra Señora del Rosario, Agua Blanca, 2 febrero de 2010.
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